Javier Roqués Mata
Program Manager Gut Health monogástricos Trouw Nutrition

La inversión en un correcto sistema de control de agua se ve claramente retornada con una reducción de tratamientos veterinarios, bajas y mejora de los parámetros productivos.


La exploración espacial busca la presencia de agua para descubrir la existencia de vida en otros planetas. Tras un desastre natural (huracanes, terremotos, erupciones volcánicas…) en los primeros envíos de ayuda humanitaria se incluyen plantas potabilizadoras (en alguno de ellos se han producido mayores asistencias sanitarias debidas a la falta de acceso a una fuente de agua de calidad que por el propio desastre en sí). Un ser humano puede vivir hasta 3 semanas sin comer, pero no puede hacerlo más de 2 días sin beber. Es por lo tanto indudable que el agua es el elemento vital para la vida y desarrollo de todo ser vivo.

A finales del siglo XIX, con los avances en investigación científica, se empieza a establecer una clara relación entre calidad de agua de bebida y la aparición de enfermedades, asentando así las bases de los futuros Programas de Control de Calidad de Aguas. Dichos programas, han sido uno de los pilares de la mejora y mantenimiento de la salud de la población humana a partir del pasado siglo XX. Sin embargo, en la ganadería, la importancia de la calidad del agua de bebida de los animales siempre quedó en un segundo plano y no ha sido hasta muy a finales del siglo XX y sobre todo en el siglo XXI donde, debido a las sucesivas restricciones en el uso de antimicrobianos, la evolución de la genética en los animales de producción, la sobreexplotación de acuíferos, el aumento de la actividad agrícola e industrial y el cambio climático, entre otros, cuando el agua ha empezado a cobrar su tremenda importancia en la salud, el potencial productivo y la sostenibilidad de la ganadería.

El inicio del control de calidad de aguas en ganadería, comenzó con un simple tratamiento higienizante mediante hipoclorito en pastillas y sin poner mucho esfuerzo en el control de los niveles alcanzados ni en su actividad. Posteriormente se empezó a establecer un mayor control sobre su aplicación e hicieron su aparición las bombas de dosificación de higienizante en granjas. También se ha producido con el tiempo una evolución de los tratamientos higienizantes empleados: cloro, peróxidos y dióxido de cloro fundamentalmente.

Durante el proceso de control de calidad de agua en humana existen, en general, varios procesos como: floculación y coagulación, que transforman determinadas partículas presentes en el agua en flóculos, decantación, filtración e higienización. Nosotros en ganadería hemos pretendido hasta ahora controlar la calidad de agua de bebida con un simple tratamiento higienizante, sin más y con un control básico de su acción. Sin embargo, las futuras e incluso ya presentes exigencias en la producción ganadera implican dar un paso más allá y disponer de un nivel de tecnificación y profesionalización del control de agua equiparable al que ya contamos en otros procesos de la granja.

Un control básico en las actuales y futuras exigencias en la producción ganadera debería dirigirse al análisis, control y seguimiento de las dos posibles formas de contaminación del agua: microbiológica y química.

Contaminación microbiológica

El agua debe ser inocua y no vehicular microorganismos patógenos o potencialmente patógenos (bacterias, virus, parásitos…). Para garantizarlo deberemos vigilar que:

  1. La procedencia del agua de la mayoría de nuestras granjas es de pozo o canales de riego suponiendo una gran variabilidad en su calidad microbiológica a lo largo de los días, semanas y meses (y no digamos ya si se trata de agua almacenada en balsas al aire libre). Dicha variación vendrá dada nos solo por los microorganismos libres que pueda vehicular sino también por la materia en suspensión que sirve de soporte a otros microorganismos y reducirá la eficacia de los tratamientos higienizantes aplicados. Es por ello necesaria la presencia de un filtro a la entrada a nuestra explotación para eliminar al máximo la transferencia de esa materia en suspensión a nuestro circuito de agua.
  2. Todos los higienizantes necesitan de un tiempo de actuación, por tanto, deberían realizarse en depósitos de agua que permitieran, por un lado, conseguir una mayor homogeneidad del producto en el agua a tratar y por otro lado dar tiempo suficiente para la correcta acción del mismo.
  3. Garantizar la dosis adecuada de higienizante mediante bombas de impulsos con contador, consiguiendo así una dosificación precisa ajustada en todo momento al consumo real de agua en la granja.
  4. Revisar las dosis de higienizante, mínimo una vez por semana, para detectar si hay algún problema en el sistema de dosificación.
  5. Garantizar la llegada hasta final de línea del tratamiento higienizante a la dosis adecuada.
  6. Realizar muestreos en varios puntos de la granja a la hora de analizar el agua para verificar que en todos ellos la calidad microbiológica es correcta. Todos deben ser negativos: no vale decir que el agua está poco contaminada, el agua lo está o no lo está, otra cosa es que luego la contaminación nos indique qué acciones hay que tomar.
  7. Establecer protocolos periódicos de limpieza de líneas de distribución.

 

Contaminación química

La contaminación química es una de las que menos se suele tener en cuenta y sin embargo es la más preocupante pues su control es más complejo y supone una mayor inversión.

Cuando tomamos la decisión de construir una granja deberíamos hacer un estudio previo de la calidad del agua centrándonos mucho en su calidad química. Podemos ir desde un análisis básico (pH, conductividad, dureza, aniones y cationes) a otros más completos que incluyan metales pesados e incluso pesticidas y fitoquímicos. Es mejor conocer de inicio si tendremos que incluir sistemas de control químico del agua y su coste de instalación y mantenimiento (columnas de intercambio iónico u ósmosis inversa).

Una vez garantizada la inocuidad del agua podemos hacer que sea además proactiva usándola como vehículo de tratamientos que nos ayuden a mejorar la salud de los animales.

En resumen, la inversión en un correcto sistema de control de agua se ve claramente retornada con una reducción de tratamientos veterinarios, bajas y mejora de los parámetros productivos.